La creatividad y yo.

Desde pequeña, me gustaba imaginar mis juegos. 

Es decir, que me molaba más imaginar que estaba conduciendo un coche, trabajando en una oficina o cocinando, que jugar con los típicos muñecos-bebés.

 

Siempre me dijeron que era muy creativa y, afortunadamente, tengo unos padres maravillosos que me dieron todo lo necesario para que siguiese ‘a lo mío’.

 

Después de descartar la idea de ser pintora- ni siquiera sirvo para el arte abstracto- o cantante- no queréis oírme cantar, os lo juro-, no conocía ninguna otra forma de arte que se me diese bien.

Hasta que cogí un lápiz y un taco de folios en blanco y me puse a escribir todo lo que pensaba, a dibujar con palabras todos mis sentimientos y mis historias.

A los 17 años terminé mi primer ‘relato largo’. (No se puede considerar relato porque dura mucho más, pero tampoco es una novela.) No he pensado ni una sola vez en publicarla, porque es mía y mi objetivo no es que me conozcan, si no pasar un gran rato a solas en mi habitación cada día, imaginando la vida de esos personajes.

Nunca me he sentido tan bien conmigo misma que esa madrugada de Agosto.

 

 

Sin embargo, y paralelamente a mi búsqueda de cualquier forma de creatividad que me hiciese sonreír DE VERDAD, descubrí mi pasión por la fotografía.

Fue un día de Invierno, con tan sólo 12 años, cuando mi abuela me dijo que era imposible que me contase otra anécdota porque ya habíamos hablado de toda su vida- y de la de los de su alrededor- a través de esos álbumes antiguos.

Pero yo quería más, así que pedí prestada a mi madre su cámara- por aquel entonces, de carrete- y empecé a tirar fotos a, literalmente, TODO lo que me gustaba.

 

A los 15, con una cámara compacta sólo para mí y una frustración total al sentir que lo que más me gustaba en el Mundo no se me daba bien en absoluto, decidí dejarlo.

Pero por total casualidad- no me gusta ver la tele demasiado- una tarde puse La 2 y descubrí el documental que lo cambió todo: Un vida a través de la cámara, sobre la maravillosa Annie Leibovitz.

Ahí me di cuenta de que sí podía ser buena fotógrafa, y también de que ya tenía un ejemplo a seguir.

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El Documental

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La foto más conocida de Annie.

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Mi foto más favorita de Annie Leibovitz

Tras años y años suplicando por una cámara tipo SLR (“Cámara Reflex”), decidí ponerme a ahorrar para pagarme una yo sola.

Y cuál fue mi sorpresa cuando, en mi 18 cumpleaños, toda mi familia se reunió para regalarme una Nikon D3000.

 

 

Tan sólo ha pasado un año y medio desde ese día, pero en realidad han sido clases presenciales sobre cómo usar de forma manual (la mejor forma que existe) mi cámara, vídeos de YouTube que me explicaban las funciones y un sinfín de tiempo invertido muy felizmente que se ha visto recompensado en las fotos de este Verano.

 

 

 

Aún estoy empezando, pero tantas ideas pasan por mi cabeza cada vez que miro mi escritorio, que la idea de parar me parece algo totalmente fuera de lugar.

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